Luis Cheul: Antología, el Biajero y la armonía popular 

Hay profesores que pasan por una institución y otros que terminan formando parte de su memoria, y Luis Cheul pertenece a estos últimos.  

Es uno de los docentes más antiguos de Projazz y, con los años, también uno de los más queridos, de modo que en sus clases de armonía y arreglos se han formado varias generaciones de artistas que hoy tocan, componen y enseñan en distintos escenarios del país.  

Quienes han pasado por su sala lo recuerdan por la exigencia y la honestidad con que enseña, así como por el cariño con que acompaña a cada estudiante, y esa mezcla explica que su nombre siga apareciendo, generación tras generación, cuando quienes  egresan hablan de sus maestros. 

Su trayectoria, por otra parte, se ha construido a lo largo de más de tres décadas como bajista, compositor, arreglista y director de big band, con estudios de jazz en Colonia, Alemania, entre 1994 y 2000.  

A ello se suman el Biajero, el bajo más pequeño del mundo, que él mismo concibió y patentó, y dos libros de armonía que han acompañado la formación de muchos músicos de jazz y música popular.  

Con motivo de Antología, su último disco, grabado junto a amigos y colegas de toda la vida, conversamos con él sobre ese proceso, sobre la manera en que ordena y transmite la armonía, y sobre lo que significa seguir enseñando con el mismo entusiasmo de siempre. 

Sobre Antología y el Biajero 

Antología te tomó más de tres años, desde fines de 2019. ¿Qué fue lo que más te costó de ese proceso y qué resultó más fácil de lo que esperabas? 

El proyecto Antología nunca lo pensé hasta que llegó el estallido social. En ese momento Studio Azul, que es el estudio de grabación más importante de la V región, en el cual he grabado gran parte de mi discografía y con quienes tenemos una amistad muy cercana, tuvo que cambiar su lugar de trabajo por razones de contingencia y construirlo desde cero en las dependencias de UCV Televisión. 

Entonces, como me fascina la carpintería desde pequeño, les ofrecí un trueque que consistía en diseñarles y construirles el estudio de grabación a cambio de un disco completo, con muchas horas de grabación disponibles. 

Respondiendo a la pregunta, al grabar en plena pandemia el proceso se retrasó mucho más de lo presupuestado, debido a todas las restricciones que hubo. Pero lo más sencillo fue grabar a cada músico, todos expertos en sus instrumentos. Eso facilita todo el proceso, contar con un equipo de ese nivel. 

Grabé la batería, la marimba y el piano acústico de cola en el estudio, y el resto de los instrumentos en casa, en mi home studio. Eso también facilitó mucho el proceso, y quedó solo el trabajo de montaje de las pistas de audio, la mezcla general y el mastering en Studio Azul. 

El disco reúne composiciones tuyas de los últimos 30 años, todas con la misma instrumentación para darles un hilo conductor. ¿Cómo decidiste qué temas entraban y cuáles quedaban fuera? 

La idea central era utilizar mi bajo Biajero en todo el disco. Eso excluía casi toda mi etapa de músico de fusión funk-rock. Los temas principales son del disco Biajero (2007), reversionados y arreglados para la instrumentación disponible. 

Le pediste a tus colegas que participaran por amor al arte. ¿Qué significó para ti que dijeran que sí en esas condiciones, después de tantos años de amistad musical? 

Muchísimo, ya que no tenía dinero para financiar una orquestación elegida por mí, así que llamé a mis amigos de toda la vida, músicos maravillosos que aceptaron participar voluntariamente y con muy buena energía. 

Después de saber quiénes me acompañaban en esta aventura, me puse a escribir para la instrumentación disponible y a reversionar temas antiguos. 

Es lo más bello de dedicar tu vida a la música. Existen amigos que se transforman en verdaderos hermanos musicales. 

El Biajero es el bajo más pequeño del mundo y también el nombre de un tema de Antología. ¿Qué relación hay entre el instrumento y esa canción? 

Biajero es el nombre del bajo. Así lo bauticé hace más de 20 años, respondiendo a una necesidad personal más que a un “invento” en específico. En esa época viajaba mucho entre Santiago y Viña del Mar. Se transformó en mi compañero de viaje, donde iba lo llevaba, y con este instrumento pude seguir manteniendo un nivel profesional óptimo y dedicar esos años a la crianza de mis hijas en forma paralela. 

A los pocos días de haberlo recibido y tenerlo en mis manos compuse ese tema, y fue casi natural la forma en que nació. Por eso le di el nombre Biajero, tema que marcaba el inicio de una nueva etapa en mi vida cotidiana y musical. 

Han pasado unos 20 años desde que el lutier Alfonso Iturra construyó el primer prototipo del Biajero. ¿Cómo ha cambiado tu forma de tocarlo y de pensarlo musicalmente en todo ese tiempo? 

Me he dedicado a explorar bastante esta técnica. Es parecida pero no igual, por eso hay que estudiar y practicar posiciones de la mano izquierda que a veces no coinciden del todo con el bajo tradicional. 

La técnica básicamente es la misma, con diferencias notorias en la fuerza que ejerce la mano izquierda. Me ha permitido ser guitarrista y bajista al mismo tiempo. 

Tengo tres bajos pequeños y uno tiene siete cuerdas, el Wing 7 Luis Cheul Signature, fabricado especialmente para mí por la empresa estadounidense Wing Instruments. Esa cuerda extra es la más grave y también presenta grandes desafíos para que suene correctamente. Hay que tratarla de manera muy delicada, de lo contrario se distorsiona la frecuencia baja, y eso es un tema delicado al momento de ejecutarlo. 

Sobre la sistematización de la armonía popular 

En Armonía Popular Moderna y en Armonía Avanzada para Jazz y Música Popular organizas la armonía en cuatro sistemas: mayor, menor armónico, menor melódico y mayor armónico. ¿Cómo llegaste a esa forma de ordenar el contenido y qué problema venía a resolver? 

El primer libro trata del sistema mayor tradicional desde un enfoque jazzístico, y en el segundo trato los tres sistemas restantes. 

El concepto de sistemas se basa en una escala materna de la cual se pueden derivar siete escalas modales. Generan acordes y una gran gama de colores armónicos. Si son cuatro sistemas, hay 28 escalas modales que hay que conocer para dominar todos los recursos que un músico de jazz necesita saber. 

Cuando estudié en Alemania, mi profesor de armonía tenía sus libros con estos cuatro sistemas, organizados de manera distinta pero con la información necesaria para tomar ese punto de partida y agregar mi experiencia y visión musical. 

Creo que resuelve un problema de organización de los contenidos que muchas veces los alumnos aprendieron a lo largo de su vida con diversos profesores. 

No es “la única solución”… eso no existe en un solo texto, ni en varios… es un acompañamiento ordenado de las necesidades que los músicos van enfrentando, pero siempre recalco que el libro por sí solo no resuelve nada si no se estudia de forma constante. Es metodológicamente muy bueno, pero el estudiante debe trabajar para aprovechar esa cantidad de información. 

El libro Armonía Popular Moderna nació de las preguntas de tus propios alumnos en el aula. ¿Hay alguna pregunta de esa época que te haya marcado o que te haya obligado a repensar cómo explicabas algo? 

Varias preguntas “básicas” que no estaban claras. Por ejemplo, si se dice “fa sostenido”, ¿por qué el símbolo está antes de la nota y no después, como dice la frase? O sea, ¿se escribe “sostenido fa”, profesor? 

Ahí me di cuenta de que había que explicar desde lo más básico. 

Destacaría que el libro comienza con la teoría de Pitágoras. Quizás inexplicable dentro de un libro musical, pero gracias a mis estudios de ingeniería en sonido me pude dar cuenta de que la música y la física están estrechamente relacionadas. Existen relaciones interválicas que obedecen a frecuencias consonantes o disonantes. O sea, para hablar como músico integral hay que conocer que lo que suena “bien” no es porque sí o por milagro. Hay una explicación físico-acústica que todo músico debiese conocer, según mi opinión. 

Entre la primera edición de 2010 y la segunda de 2014 corregiste varios errores junto con tus estudiantes de esos años. ¿Cómo fue esa revisión colectiva? 

Fue un proceso muy importante, ya que en cada clase aparecía un error nuevo. Yo tenía una fotocopia en la que iba anotando todo lo que mis ojos no habían visto y que sí estaban viendo las tres generaciones que pasaron por ese libro. 

Cuando se dice que cuatro ojos ven mejor que dos, imagínate miles de ojos… ahí la ayuda de mis alumnos fue crucial, a quienes agradeceré siempre. 

¿Qué es lo que más les cuesta entender a los estudiantes cuando pasan de la armonía clásica a la popular y cómo lo abordas en tus libros? 

Existe un lenguaje distinto, con conceptos y competencias que se deben desarrollar ordenadamente para no confundirse. Lo más importante es entender que la armonía popular es menos estricta que la clásica, comenzando por la escritura, lo que no quiere decir que sea más sencilla, pero hay ciertas licencias, como los dobles accidentes o la escritura de #9, que se observan con frecuencia en música popular. 

Los clásicos trabajan mucho con la partitura, ahí encuentran la información necesaria para su interpretación. Nosotros, en cambio, tenemos déficit en la lectura, pero bastante desarrollada la improvisación y la intuición musical. Cuesta mucho para los clásicos comprender cómo una base rítmica suena tan llena con tan poca información en la partitura. 

Eso lo abordo en mis libros con la mirada popular que he cosechado a través del tiempo, haciendo hincapié en que determinada materia viene del pasado, pero la música popular la utiliza de otra manera. Así, un sinfín de ejemplos que utilizo constantemente durante mis clases, tomando siempre como punto de partida la tradición musical. 

Sobre su experiencia docente 

Entre 1994 y 2000 estudiaste en la Hochschule für Musik und Tanz de Colonia, donde obtuviste los grados de Jazz Musik Pädagoge (1998) y Jazzmusiker (2000). ¿Qué de esa formación europea trajiste a tu manera de enseñar en Chile? 

Creo que absolutamente todo, sin exagerar. Incluso antes de emigrar soñaba con una formación así. En esa época no existía en Chile algo similar y tampoco internet para saber lo que ocurría al otro lado del mundo. Lo único era la experiencia de amigos y colegas que habían tomado el mismo camino un par de años antes. 

Era la formación que estábamos buscando muchos colegas de esa época, y en base a ella desarrollo mi actividad docente, con los matices y variaciones que incluyo gracias a mi experiencia como músico popular en mi país, donde las condiciones son distintas a las europeas. 

Después de tantos años enseñando armonía y arreglos, ¿qué cambiaste en tu manera de hacer clases respecto de cuando partiste? 

Es una gran pregunta. Comenzaría contestando lo que he mantenido siempre: honestidad, disciplina, metodología y exigencia en general. Eso no ha variado en el transcurso de estos años. 

Lo que sí he percibido es un cambio generacional notorio, que me ha puesto el desafío de transmitir los mismos conocimientos, o quizá más, de forma distinta, recurriendo a herramientas digitales y a un acceso a información que antes no existían. Adaptarme a los nuevos recursos tecnológicos es fundamental para transmitir los mismos conocimientos de forma lúdica y práctica a los estudiantes de esta generación. 

Sobre la educación a distancia 

Tienes cursos online de armonía en tu plataforma. ¿Cómo fue pasar de la clase presencial a explicar armonía a través de una pantalla? 

Fue un gran cambio para toda la humanidad, pero ya desde 2015 hacía clases por Skype. Tenía algo de experiencia, aunque son contextos muy distintos. En mi caso en particular me acomoda bastante, por varias razones. Creo que he adquirido cierta destreza para que sea una sesión entretenida, dinámica y comprensible para todos los estudiantes. 

Para eso he dispuesto cámaras que muestran el piano y la pizarra, donde escribo a mano como si estuviese haciendo una clase presencial, y mi software, donde muestro todo lo que se refiere a partituras y audio. 

¿Qué cosas que funcionan en una clase presencial no funcionan online y tuviste que rediseñar desde cero? 

Los ramos prácticos son complejos de realizar, según mi visión. Los teóricos son mucho más abordables, y en esa área es donde me he desarrollado estos últimos años. Eso sí, hay que preparar mucho material audiovisual para mantener esa atención constante en los estudiantes. 

 ¿Cómo consigues que un estudiante mantenga la atención durante una clase online de un tema tan denso como la armonía, sin el contacto directo de estar presente? 

Creo que no podría responder con 100% de certeza. Muchos tienen sus cámaras apagadas y no puedo saber si están siempre atentos o no. Otros preguntan mucho y tienen una participación constante. Lo que sí puedo responder es que amo la pedagogía y eso se transmite online o presencial. Me entretiene mucho la materia que enseño, y eso lo perciben los alumnos, que me lo han hecho saber en reiteradas ocasiones. 

Es crucial que nadie quede rezagado, por eso pregunto constantemente cómo van y, si les dificulta algo, lo vuelvo a explicar hasta que quede claro. Refuerzo con PDF y videos. Hago todo lo que está en mis manos para que esa información tan densa se pueda comprender de alguna manera. Pero si los estudiantes no hacen su parte, es difícil lograr el mejor resultado. Se los digo siempre. 

 ¿Hay algún recurso, ritmo de clase o forma de estructurar el contenido que te haya dado mejores resultados a distancia que en lo presencial? 

El orden en el cual está estructurada es muy bueno. Introducción, materia, ejemplos, ejercicios, retroalimentación constante e inmediata, reflexión y cerrar siempre con tareas para la siguiente sesión. 

¿Qué aporta tener un mayor conocimiento teórico de la música, específicamente a los que se dedican a la música popular? 

La música es una sola y los conocimientos teóricos también. Yo afirmaría que para los músicos populares ayuda muchísimo a entender lo que pasa armónicamente. Tenemos que saber mucho más de lo que va a existir en nuestras partituras (si es que existen).  

Muchas veces gracias al dominio teórico podemos sortear con mayor facilidad y velocidad las distintas situaciones que ocurren en la música popular. Dar el salto a aprender teoría no es sencillo.  

Pareciera ser, sobre todo al principio, que uno avanza “más lento” que en forma autodidacta y en este proceso muchos alumnos desisten de adquirir esta competencia.  

Yo recomendaría siempre saber la teoría para organizar bien nuestro mapa musical y así poder perfeccionarnos en materias más complejas que de todas maneras van a necesitar que aquellos conocimientos estén sólidamente aprendidos, como es en el Jazz y la improvisación.  

Les compartimos imágenes de la trayectoria del maestro Cheúl, deseándole lo mejor para su producción Antología.

Disfruta acá de Antología: https://youtube.com/playlist?list=PLSVFU-C0SDMWr8pXU2p-BzbSvE1kjO6J6&si=bkynRL8s3-gQu5oO 

Y guarda la notable página del profe Cheúl: 

www.luischeul.com 

¡Gracias por tanto, maestro! 

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