Diego Toro, es un saxofonista de excelente técnica y gran versatilidad entre estilos que, luego de años de trayectoria, entrega su primera producción como solista con el disco Vivencias.
Formado desde niño en la orquesta Bronces Liahona y egresado de Projazz, ha transitado desde los standards hasta agrupaciones como Orquesta Mapocho y Los Tetas, y ha llevado su instrumento al teatro musical, donde integró la orquesta de Wicked.
Durante octubre es parte de la orquesta dirigida por Felipe Leiva en el musical Chicago, que ya está en cartelera en el Teatro Municipal de Las Condes y en el que alterna cinco instrumentos de viento madera en cada función.
Este año también compartió escenario con docentes y estudiantes de Projazz en PortilloFest 2026, en el primer concierto de jazz de la cartelera principal del festival.
Conversamos con él sobre el desafío de ensamblar la música con el teatro, lo que le dejó su paso por Projazz y los consejos que tiene para quienes se están formando hoy.
Has tocado desde standards de jazz hasta agrupaciones como Orquesta Mapocho y Los Tetas. ¿Cómo llegaste a la música y a tu instrumento, y cómo fuiste pasando por proyectos de estilos tan distintos?
Mi primera formación musical fue en la orquesta de Bronces Liahona, que viene del colegio Liahona, en la comuna de El Bosque. Recuerdo que fue ahí, en un acto de colegio, cuando vi el saxo por primera vez.
Ese día una chica se había subido sola al escenario a calentar su instrumento, un saxo barítono y me quedé anonadado oyendo cómo sonaba ese tubo con botones.
Eso debe haber sido en tercero básico. En quinto básico, que era el curso mínimo para entrar, pude ingresar a la orquesta. Toqué dos meses saxofón alto y luego saxo soprano hasta cuarto medio.
Lo interesante de esta orquesta, que sigue vigente, es que toca estilos muy variados, desde música de películas y musicales hasta música clásica y big band. Por eso creo que me dio la facilidad para desenvolverme en distintos estilos, y además la necesidad de trabajo me ha hecho diversificarme.
Acabas de lanzar tu primer disco, Vivencias. ¿Cómo nació y qué quisiste contar en él?
Desde que estudiaba en Projazz siempre me imaginé creando música y liderando un proyecto, pero nunca me atreví hasta el año pasado, cuando empecé a componer, hacer los arreglos, planificar la grabación y todo el trabajo que implica un disco.
Paso bastante tiempo tarareando melodías en mi cabeza, imaginando arreglos y cómo sonarían las cosas. En un momento dije basta, ya es hora de plasmar esto en algo tangible, que quede para la posteridad.
Elegí el título Vivencias pensando en las experiencias parecidas que todos vivimos en algún punto de la vida. La mayoría de los títulos pueden remitir a algo cercano para cualquier oyente, y la música misma puede representar cada título o no, porque esa es la magia de la música, que cada uno puede imaginar lo que quiera.
¿Habías tocado antes en musicales o en teatro? ¿Qué cambia cuando acompañas a un elenco en vivo, comparado con tocar en una banda o en un concierto?
Para mi fortuna, sí. Desde que estudiaba en Projazz, uno de mis anhelos era tocar en lugares donde las artes se mezclaran, sea teatro, circo o danza, y he tenido la suerte de participar en proyectos que combinan todas estas disciplinas.
El último musical en que participé antes de Chicago fue Wicked, y este año estuve en la obra de teatro Un tranvía llamado deseo, también en el Teatro Municipal de Las Condes.
En un elenco de artes mixtas, primero que todo hay que tener mucha paciencia, porque se deben ensamblar los textos y las escenas de los actores o bailarines con la música.
La música tiene que sonar acoplada a lo que está pasando en el escenario, y eso le agrega, a mi parecer, un grado mayor de dificultad. Aun así, a la hora de las funciones se necesita la misma concentración que tocando solo música o acompañando una obra.
Chicago ya está en cartelera. ¿Cómo fue el proceso de convocatoria y cómo te enteraste de que estaban armando la orquesta?
Como saxofonista, parte de la familia de los vientos madera y dedicado a la música popular, muchas veces tenemos que doblar otros instrumentos de la familia. Por eso, desde que estudiaba empecé a introducirme en paralelo en el clarinete y la flauta traversa.
Para el musical necesitaban a una persona que tocara saxofón, clarinete y flauta, incluyendo sus versiones más grandes y más pequeñas. No es tan común encontrar colegas que doblen todos esos instrumentos, así que me llamaron directamente para ver si tenía disponibilidad.
¿Qué habilidades les pedían a los músicos para integrar la orquesta?
De base, poder seguir la guía de un director que solo se dedica a dirigir. No es habitual en otras bandas del medio popular, donde a lo sumo el director define la estética sonora y da alguna indicación.
En un musical hay varias entradas que van con los textos o las acciones de la obra. Además, claro, se necesita una buena base de lectura musical y los otros aspectos que todo músico profesional debe manejar.
¿Les entregaron las partituras con anticipación o hubo una audición con temas a elegir?
Sí, hubo entrega con anticipación. Para la fila de las cañas era importante tenerlas para estudiar los cambios de instrumento, que en algunos casos son bastante extremos. Con respecto a los temas, como es un musical que ya se ha hecho a nivel internacional, la música ya estaba compuesta para la obra.
¿Qué habilidad que aprendiste en Projazz te sirvió más para este desafío?
Haber participado en ensambles con director, como Musicantes y la Big Band de Projazz, me dejó bien curtido para enfrentar este tipo de proyectos.
Con Musicantes llegamos a trabajar extractos de musicales y otras piezas más de cámara, con muchos cortes, muchas dinámicas y mucha atención entre la partitura que lees y el “aleteo” del director. También ayudaron los ramos con los profesores de teoría y otros más prácticos. Es la suma de todos los aprendizajes la que te permite desenvolverte.
En la orquesta hay varios egresados de Projazz. ¿Cómo fue el reencuentro con amigas y amigos de esa época y qué se siente compartir escenario con ellos en una producción de este tamaño?
Me da mucha alegría compartir escenario con ellos y ver que, después de tantos años, seguimos en este hermoso camino. También me gusta escuchar sus anécdotas de otros proyectos, contar las mías, echar la talla y comprobar que sigue la buena onda.
¿Cómo han sido los ensayos con la orquesta, el elenco y la dirección?
Siempre me ha gustado el momento de empezar una obra, cuando estamos todos expectantes de lo que va a pasar. Me gusta ir escuchando las voces de los otros instrumentos y ver cómo me voy ensamblando con ellos, si vamos en contrapunto, en unísono o haciendo armonía. En este caso el tiempo de preparación fue bien extremo. A mi parecer hubo pocos ensayos de orquesta, y tengo entendido que el elenco venía ensayando desde bastante antes.
¿Qué ha sido lo más desafiante de tocar Chicago?
Cambiar tanto de instrumento. Toco cinco, y nunca en mi vida había tocado tantos en un mismo espectáculo, porque mi récord anterior eran cuatro en Wicked. Se necesita máxima concentración para pasar de uno a otro sin que se caigan ni chocarlos, y hay que tener todo anotado y marcado en las partituras para hacerlo con anticipación y con calma.
¿Cuánto durará la temporada y cuántas funciones tienen?
Dura hasta la primera semana de noviembre. En total son 25 funciones, más la función del ensayo general y el proceso de ensayos previo.
¿Qué consejos profesionales le darías a quienes se están formando ahora en Projazz, sobre la responsabilidad, el estudio y tener el instrumento siempre a punto?
Que aprovechen los ramos al máximo, porque toda la información que te entregan la vas a usar en algún momento. Me parece muy importante no hacerle el quite a la lectura musical, porque en cualquier trabajo que tenga partituras, si logras leer a primera vista quedas como rey. Hay otros trabajos en que solo te envían audios, y ahí la transcripción es esencial para sacarlos adelante.
Yo veo el trabajo en la música un poco como el deporte de alto rendimiento. No hay que parar de entrenar ni de estudiar el instrumento, porque si paras te vas quedando atrás y el medio olvida rápido, así que hay que estar al día con todo.
¿Hay algo más que quieras agregar?
Sumándome a lo anterior, haber estudiado en Projazz me ayudó mucho a generar redes. Varios de mis trabajos han salido por gente que conocí ahí, además de las amistades y de mi amorcito, con quien nos conocimos en la escuela. Hemos tenido la suerte de compartir pegas, y ahora nos tocó de nuevo en el musical Chicago. En resumen, hay que hacerse las ganas de cargar la batería social y conocer gente del medio para armar redes.
Ya saben, sigan a Diego Toro en redes y conoce sus próximos proyectos.
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