Derecho al tiempo, con música de un egresado de Projazz, fue seleccionado en Santiago Horror 

Santiago Horror, el Festival Internacional de Cine Fantástico organizado por la Fundación Chile Fantástico, celebró su novena edición entre el 7 y el 10 de octubre en Santiago. Después de nueve años de trayectoria, su director, Gustavo Valdivia, lo describió como uno de los principales espacios del país dedicados al cine de género, que vive hoy un importante auge creativo en Latinoamérica. La programación incluyó competencias oficiales, estrenos, actividades formativas y encuentros en torno al cine fantástico. 

Entre los títulos seleccionados estuvo Derecho al tiempo, cortometraje de suspenso y ciencia ficción del director Martín Pizarro Veglia, de la productora Praxinoscopio Films, con inspiración musical en Chaikovsky. La música original fue compuesta y producida de manera autónoma, en su home studio, por Nicolás de la Rivera, egresado de la carrera de Composición con mención en música para cine y medios audiovisuales de Projazz, en 2025. 

Se trató del primer festival al que quedó seleccionado el cortometraje, que compitió en la categoría de mejor corto nacional. Aunque el premio quedó en manos de otra obra, el solo hecho de entrar a la selección tuvo un peso importante para el equipo, ya que marcó el ingreso del corto, y del trabajo de Nicolás, a los circuitos de la industria audiovisual. Puedes revisar la lista completa de ganadores acá.  

Antes de conocerse el resultado, conversamos con Nicolás sobre cómo se construyó la música de la obra. 

¿Cómo te enteraste de que Derecho al tiempo quedó seleccionado en Santiago Horror, siendo el primer festival al que llegaba el corto? ¿Cómo llegaste a este proyecto con Martín y Praxinoscopio Films? 
Fue Martín, el director, quien me avisó de que quedamos seleccionados en el festival. Llegué a dar con su correo por recomendación de un colega, a quien le escribí para ver si podíamos colaborar en algún proyecto. Me respondió de inmediato y con mucho entusiasmo, contándome que estaba trabajando en este cortometraje, así que empezamos rápidamente a coordinar reuniones remotas. 

El corto mezcla suspenso y ciencia ficción. ¿Qué te pidió el director en términos de atmósfera y cómo lo llevaste a la música? 
El director tenía una intención muy clara respecto de la música, que debía acompañar íntegramente las emociones de los personajes en el momento climático más alto del filme. Al mismo tiempo, dejaba espacio al silencio intencional en el resto de las escenas, lo que permitía generar una atmósfera de tensión y suspenso. 

La inspiración musical vino de Chaikovsky. ¿Qué te llamó la atención de su obra y cómo la incorporaste? 
Entre todas las características de su música, tuve una conexión inmediata con su habilidad para crear melodías igualmente sensibles y grandilocuentes. La referencia específica fue su Sinfonía n.º 6, de la cual necesitaba replicar una tensión emocional similar, que fuera en aumento hacia el clímax de la pieza audiovisual. 

¿En qué momento del proceso entraste a trabajar la música? 
Cuando empecé, el cortometraje ya estaba en su etapa final. Tuve acceso a una versión prácticamente terminada del montaje, a falta de unos pocos detalles técnicos. 

Compusiste y produjiste todo de manera autónoma en tu home studio. ¿Cómo fue ese proceso? 
Al principio sentí que el desafío era enorme, pero poco a poco fueron apareciendo las ideas que dieron paso al material principal de la obra. Fui construyendo el camino temático desde el arco narrativo y melódico que debía seguir, así que primero hubo estructura y después notas. 

¿Qué técnicas que aprendiste en el instituto te sirvieron más? 
Principalmente las que vi en los ramos de la mención, en el taller de cine y en lenguaje cinematográfico. Entre ellas, técnicas melódicas como la reducción minimalista y, en relación con la imagen, la compresión y el montaje para exportar correctamente los avances de video que usábamos en las reuniones. 

¿Hubo una escena donde la música fuera clave para la tensión? 
La escena donde vemos a la pareja protagonista acostada en el suelo. Marca un momento fundamental de la historia y es el punto de partida hacia el desarrollo de la tensión final. Como ya había establecido previamente los materiales musicales, decidí estructurar el tema siguiendo el conflicto narrativo en aumento. 

¿Cuál fue el mayor desafío técnico o creativo? 
La duración del tema, que debía ser de casi 2 minutos y acompañar los distintos momentos de la secuencia. La solución vino al dividir la pieza en pequeños fragmentos estructurales y darle a cada uno su cuota de personalidad. 

¿Qué te gustó de componer música para suspenso? 
Principalmente el manejo de la tensión, porque a diferencia de otros géneros aquí se busca resaltar el elemento sorpresa, con más preguntas que respuestas. Me gusta que la tensión sea el elemento conductor de la obra, ya que establece causa y efecto en la narrativa al marcar el ritmo. 

¿Qué te llevaste de tu paso por la carrera que hoy te sirve profesionalmente? 
Todo el conocimiento, las técnicas y las experiencias de docentes y compañeros, sumados a la dinámica de estar constantemente investigando y conversando sobre música para cine. Eso es lo que hoy me permite resolver los problemas propios del trabajo a nivel profesional. 

¿Cómo sigue la vida del cortometraje y qué proyectos tienes por delante? 
Este festival significa el inicio del cortometraje en instancias de encuentro y difusión, y esperamos que vengan más a futuro. Actualmente estoy terminando la composición y producción de la banda sonora de un proyecto de animación digital, que va encaminado para completarse pronto. 

¿Qué consejo le darías a quienes estudian música para cine? 
Siento que lo fundamental en este camino de la composición es trabajar en proyectos de manera constante y progresiva, ya que en cada uno se aprende a mejorar y a perfeccionar nuestra calidad artística. 

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