Catalina Plaza abrió el Ciclo Mujeres en la Música Chilena en Projazz 

El Comité de Equidad de Género de Projazz está organizando el 1er Ciclo Mujeres en la Música Chilena, con el propósito de abrir un espacio donde las y los estudiantes puedan encontrarse con procesos creativos diversos: otras trayectorias, otras formas de construir una carrera, otras voces. 

La primera invitada del ciclo fue la cantante, compositora e intérprete Catalina Plaza, oriunda de Punta Arenas y fundadora de Catalina y las Bordonas de Oro. La conversación la condujo Karla Moya, estudiante de tercer año y también parte del comité, en un conversatorio abierto a preguntas del público. 

Catalina llegó feliz, aunque advirtió de entrada que no podría cantar, ya que se había operado las cuerdas vocales hacía poco más de un mes y todavía estaba en recuperación. Eso no le impidió responder cada pregunta con una franqueza que terminó marcando toda la charla. 

Su camino como artista 

Contó que empezó a cantar en el coro de su colegio a los seis o siete años y que desde los catorce trabajó en una banda para eventos y matrimonios, siempre con la autorización de sus padres. Fue su hermano, baterista y también egresado de Projazz, quien la fue convenciendo a la distancia de que Santiago valía la pena, y llegar a estudiar acá terminó siendo, en sus palabras, una decisión hermosa

Ser mujer en la industria 

Al hablar de su experiencia en la industria, fue directa sobre las dificultades que todavía existen, en particular para las técnicas y las instrumentistas, cuyo trabajo suele quedar más invisibilizado que el de las cantantes. Con todo, insistió en que su apuesta pasa por construir comunidad entre mujeres y hombres antes que por levantar diferencias, porque a partir de esa horizontalidad es donde ella ve que pueden abrirse más espacios reales. 

Encontrar una identidad artística 

Una de las estudiantes le preguntó qué fue lo que la hizo encontrar su identidad artística, y ahí Catalina contó una historia personal que atravesó buena parte de la charla. Su abuelo sufrió un accidente cardiovascular que derivó en un cuadro de Alzheimer, y en esos años le gustaba mucho un bolero clásico, “Nuestro Juramento”, en la versión de Julio Jaramillo, hasta el punto de que se transformó en un himno familiar. Cuando su abuelo murió, ella le cantó esa canción, y ahí sintió por primera vez una conexión tan fuerte con lo que estaba interpretando que decidió quedarse en la música latinoamericana como su lugar. 

También compartió una pregunta que alguna vez le hizo la cantora peruana Lucía Vilés y que desde entonces se repite a sí misma cuando siente que perdió el rumbo: ¿qué quieres hacer, emocionar o impresionar? Para Catalina, la técnica y la versatilidad importan menos que tener un mensaje claro arriba del escenario, y esa pregunta le sirve justamente para no perderse entre las modas y las comparaciones que abundan en redes sociales. 

Miedos, comentarios y resistencia 

En otro momento, una estudiante instrumentista contó que a las cantantes de su generación las apodaban “cantontas” en son de broma, algo que nunca le pasó al único compañero hombre que estudia canto, y le preguntó a Catalina cómo enfrentar ese tipo de comentarios. Ella respondió que esos miedos siempre van a estar presentes, aunque lo importante es preocuparse primero de ser buena persona y buena artista, sin dejar que los comentarios ajenos definan el propio trabajo. De paso, aprovechó de pedirles a los profesores presentes que exijan por igual a todas y todos sus estudiantes. 

Por qué el canto 

Sobre por qué eligió el canto y no otro instrumento, contó que probó la guitarra a los siete años, pero que fue la voz la que le permitió conectarse consigo misma y sanar heridas propias. Reconoció además que, mientras dura su recuperación, ha notado cuánto le sirve cantar como regulador emocional, y cerró el punto con una recomendación directa a la audiencia: cuiden sus cuerdas vocales. 

Trabajo vocal y estilo 

Explicó que encontrar un sello propio dentro de cada género que interpreta le tomó tiempo y bastante ensayo y error. Su método consiste en ir a las raíces de cada género (cómo se cantaba una cumbia en los años treinta o cuarenta, por ejemplo) y grabarse constantemente para revisar con ojo crítico cómo está llevando la voz. Cada género le pide algo distinto, según contó, y el desafío está en respetar esa lógica sin perder la propia identidad encima. 

Proceso de composición 

Dijo que no tiene una fórmula fija. A veces parte desde un texto, porque le gusta mucho escribir, y otras veces se sienta al piano, arma una progresión y construye la melodía a partir de ahí. Recomendó especialmente caminar mientras se compone, en lugar de sentarse a esperar que la canción salga entera, y mencionó el libro El elogio de caminar como una referencia que le hace sentido en ese proceso. También habló de aburrirse a propósito, sin celular ni distracciones, como un ejercicio que a ella le ha traído algunas de sus mejores ideas. 

Cierre 

Catalina cerró la conversación invitando a las y los estudiantes a autogestionar sus propios proyectos, a tocar en cualquier escenario que se les presente, por más incómodo o mal amplificado que sea, y a juntarse entre compañeros para hacer música aunque el proyecto dure apenas una semana.  

El Ciclo Mujeres en la Música continúa con las próximas invitadas, Karla Grunewaldt Entrópica y Valentina del Canto. 

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