El 5 de septiembre, Gondwana y Quique Neira comparten escenario en el Estadio Bicentenario de La Florida. Después de 23 años se concretará la esperada reunión de la banda Gondwana junto a Quique Neira, en un concierto donde recorrerán las canciones de sus discos más emblemáticos por única vez, el 5 de septiembre en el Estadio Bicentenario de La Florida.
En ese show estará también Baltazar Neira, egresado de Projazz, invitado a hacer los coros junto a su padre.
Vale aclarar que Gondwana y Quique Neira se presentan como dos agrupaciones distintas en este reencuentro, así que el bajo de la banda sigue en manos de I-Locks Labbé (Ilo), su líder histórico. Baltazar, que lleva casi una década siendo el bajista de su padre en su carrera solista, participa esta vez desde los coros.
Formación y vocación
¿Cómo fue crecer en una familia con tanta trayectoria musical, con un papá director musical como Quique Neira?
Crecer en una familia con un director musical como mi papá me generó, creo yo, una predisposición casi genética hacia la música. Siempre sentí que era parte de mí, que tenía dedos para el piano, como se dice, y siempre fui bien curioso. Me demoré un poco en encontrar mi instrumento, pero de alguna manera siempre lo supe. Cuando de chico me preguntaban qué quería ser de grande, yo ya tenía claro que quería ser músico.
¿Qué buscabas cuando decidiste venir a Projazz?
Al salir del colegio elegí Projazz porque, según lo que yo había averiguado, era la formación más completa y la que más se ajustaba a lo que quería aprender como músico. Yo ya tenía a mi familia metida en la música, pero necesitaba esa formación más formal. A los 16 o 17 años ya estaba tocando bajo, aunque venía tocando desde antes, y en esa época empecé a escuchar jazz en serio.
Las primeras canciones de Miles Davis aparecieron en mi vida en ese momento, y después tuve la oportunidad de escuchar a Marcus Miller, que en el fondo fue quien me introdujo de verdad al jazz. Ahí entendí que no tenía por dónde perderme y que tenía que ir directo hacia esa formación. Creo que fue la decisión correcta.
¿Cómo descubriste que el bajo era tu instrumento?
El bajo lo elegí como a los 13 años, aunque antes pasé por varios intentos. Mi papá me regaló una guitarra a los cuatro años y no la pesqué mucho, y a los cinco un teclado que toqué hasta más o menos los nueve, hasta que lo solté. La conexión con el bajo llegó escuchando una canción de salsa, “La Calle”, de El Canario. Ahí escuché un sonido particular, lo que ahora sé que es una técnica de slap, y le pregunté a mi papá qué era ese instrumento. Me explicó que era el bajo eléctrico y que es un instrumento muy versátil.
En esa misma época, en el colegio, uno de mis mejores amigos hasta el día de hoy tocaba bajo, y ahí me picó el bicho. Lo agarré y, con el tiempo, me fui dando cuenta de que muchos movimientos de música clásica que yo identificaba de forma natural tenían que ver justamente con el bajo, aunque eso lo terminé de entender ya estudiando en Projazz.
El reencuentro con Gondwana
Cuando se confirmó tu participación en este reencuentro, ¿qué significó para ti?
Yo vengo tocando bajo con mi papá desde antes de titularme en Projazz. Ya casi hace diez años que soy su bajista, tal vez ocho o nueve, pero se siente como mucho tiempo. Lo particular de esta ocasión es que en este reencuentro yo voy como invitado, porque hay que aclarar que Gondwana y Quique Neira son dos marcas distintas, cada una con su propia trayectoria, y hay que respetar eso. En Gondwana el bajo lo toca Ilo, que es el líder del grupo.
A mí se me dio la posibilidad de acompañar a mi papá en los coros, como invitado, y la tomé de inmediato porque para mí es algo bastante catártico, tanto por la cultura musical chilena como por la historia de Gondwana y de mi papá. En ese sentido es bastante mágico a nivel familiar, y también a nivel profesional y artístico. Llevamos ya un buen rato ensayando todos juntos, para que el show sea lo más profesional y prolijo posible, en respeto a la gente que quiere escuchar esta música y a la trayectoria que hay detrás, de ambos lados.
El repertorio y las canciones que marcan
La música de Gondwana marcó generaciones. ¿Hay algún tema que tenga un significado especial para ti?
Los tres primeros discos de Gondwana, que son justamente los que participó mi papá y los que se están tocando ahora en este reencuentro, son parte de lo que yo llamaría la banda sonora de mi vida. Es difícil dejar canciones fuera, porque casi todas me llevan de vuelta a mi infancia.
Si tengo que elegir una, sería “Sentimiento Original”, que es la canción que mi papá escribió en el momento en que se enteró de que yo venía al mundo. Para él tiene un significado muy especial, y para mí también, porque cada vez que toco con él terminamos consagrados con esa canción, como una especie de insignia. Más allá de lo familiar, creo que es un hit trascendental para el reggae en español y para la música hispanoparlante en general.
Después vendría “Felicidad”, que mi papá le escribió a mi hermano menor, y “Jah Children”, que nos la escribió a los dos cuando éramos bebés. Hay muchas más que me dan ganas de nombrar, pero en ese orden estarían las tres que más me marcan.
¿Qué te ha dado tocar la música de tu papá y el reggae que no te haya dado la formación académica?
Creo que uno va formando ese lenguaje de manera inconsciente, simplemente por escuchar una música específica y crecer con ella. Uno lo va adquiriendo de forma natural, y siento que eso fue lo que me pasó a mí con el bajo en el reggae y con la música de mi papá.
La relación padre e hijo
¿Cómo es compartir escenario con tu papá?
Definitivamente es especial, y puedo mirarlo desde varias veredas. Por un lado está el cariño y el orgullo de ser familia, de poder apoyarlo arriba del escenario y representar junto a él la historia de su carrera. Por otro lado, también sé que no soy el bajista de mi papá solo porque soy su hijo, sino porque tuve mi propia formación y maduré musicalmente por mi cuenta. Cuando él vio eso me dijo “ya, trabajemos juntos”, y por supuesto que acepté.
Es una relación de profesionalismo y de familia al mismo tiempo, con la música en el medio, y creo que eso ha sido un motor que nos ha permitido conocernos mucho más, en personalidad, en mañas, en todo. Es bastante bonito sentir que la música es el núcleo de nuestro oficio compartido.
¿Sientes el peso de la responsabilidad frente a un reencuentro tan esperado?
Por supuesto que se siente ese peso. No se le puede faltar el respeto a la ocasión, a la música ni a la gente que la quiere escuchar, porque son muchos años de trayectoria de por medio. Pero eso no nos da miedo, todo lo contrario, nos dan más ganas de hacerlo bien.
Lo que viene
Después de este evento, ¿qué sigue para ti?
Voy a seguir haciendo lo que he hecho siempre, que es trabajar en mi propia música. Tengo poco material en plataformas todavía, pero llevo harto tiempo trabajando en eso, así que prefiero decir que voy lento pero seguro. También voy a seguir trabajando con mi papá y con mi familia, y en paralelo estoy trabajando como productor para otras personas.
¿Qué consejo le darías a otros egresados que también vienen de familias con legado musical?
Creo que ahí está justamente el consejo. Cuando uno estudia interpretación o composición, se especializa mucho en un área y a veces se le olvida que la música tiene otras aristas, como la producción . Los que venimos de un mundo generado por la música tenemos esas herramientas de forma natural, y hay que usarlas. Es una suerte de poder, y creo que cualquier músico consciente de usar bien el oído puede desarrollarse en distintos ámbitos del oficio, sin quedarse solo en uno.
¿Dónde te ves de aquí a diez años?
Me encantaría tener mi proyecto personal consolidado, poder posicionar mi nombre y mi marca dentro de la industria musical. En cuanto a sonoridad, siempre voy a estar marcado por el reggae y por lo que popularmente se conoce como black music, pero también soy una persona que quiere buscar otras sonoridades. No descartaría hacer un disco de jazz metal, algo más fusión, o seguir en el reggae explorando otro enfoque. Me considero versátil, aunque tengo esta base sólida del reggae como un nicho propio, y siempre voy a mantener esa raíz.
Agradecimientos
¿Hay algo o alguien de tu paso por Projazz que quieras destacar?
Me gustaría agradecer a varias personas. El equipo de profesores y todos los que trabajan por allá es maravilloso, siempre con una sonrisa, y eso hace que uno sienta que está llegando un poco a la casa. A Rodrigo Morris le tengo mucho que agradecer, porque me ayudó a desbloquear el oído de una manera que yo no sabía que podía controlar.
Al profe Muga lo considero un capo, un capo. Creo que las mejores clases de rítmica que tuve en mi vida fueron las de él, y no considero que haya alguien más tan pedagógico y lúdico para aprender la rítmica. De verdad, las clases más entretenidas que he tenido en mi vida.
También le tengo mucho cariño a mis profesores de bajo, Oscar Arenas y Cheul, que me ayudaron mucho a pulirme y a sacar todo mi potencial.
Además, en Projazz hice amigos que sigo teniendo hasta hoy, como Francisco Gramegna, guitarrista con el que trabajo actualmente, a quien le digo Pancho y quiero mucho. Es un lugar muy bonito, le tengo mucho cariño, de verdad lo siento como mi casa de estudios.
