Si estás estudiando música, escuchar a quienes llevan décadas ejerciéndola siempre deja algo memorable.
Gerhard Mornhinweg, fundador y director durante 25 años de la Conchalí Big-Band, proyecto que marcó la pauta para la formación de muchas big bands escolares en Chile, fue el invitado de Nelson Oliva en el último capítulo de Historias de Jazz, dedicado a la educación y el jazz, después de las conversaciones con Joan Chamorro, Carl Hammond y Jorge Díaz.
Por la Conchalí Big-Band pasaron músicos que hoy tienen una presencia destacada en la escena musical chilena, entre ellos Cristian Gallardo, Andrés Pérez, Agustín Moya y Jonathan Gatica. En esta primera parte de la conversación, Gerhard habló de sus inicios en la música clásica, de las personas que marcaron el nacimiento de la banda en 1994 y de la filosofía educativa que sostuvo durante toda su carrera.
El corno por costumbre familiar
Gerhard viene de una familia que acostumbraba ir a conciertos, y de una hermana mayor que estudiaba flauta traversa. Ahí empezó a tocar corno francés en Concepción, en lo que parecía un camino hacia la música clásica. Reconoce que podría haberse quedado tranquilamente en ese mundo y haber hecho una buena carrera, pero dice que siempre lo tentó más probar cosas nuevas, y ese impulso lo fue acercando de a poco a la docencia.
Carmelo Bustos y Jorge González: sin ellos, Conchalí no habría sido lo mismo
Cuando Gerhard partió la banda en Conchalí, en 1994, no existía en Chile ningún modelo de big band infantil o juvenil que seguir, salvo la recién formada Los Andes Big Band. Empezaron tocando swing viejo, tributos a Glenn Miller y Benny Goodman, y ahí se sumaron dos personas que él considera decisivas: Carmelo Bustos, apasionado por el swing y luego miembro fundador de la Huambalí, y Jorge González, excompañero de universidad, que enseñó improvisación de manera sistemática. Sin ese aporte, dice Gerhard, el proyecto nunca habría llegado a ser lo que fue.
No necesitas fuerza, necesitas que tengan claro el propósito
Uno de los momentos más directos de la conversación es cuando Gerhard explica su filosofía frente a la enseñanza. No cree en la sobreprotección ni en subestimar lo que niñas y niños pueden lograr, algo que en su opinión se ha vuelto una tendencia cada vez más marcada. Prefiere decir las cosas como son, sin maquillar los avances, aunque siempre con buen trato. Y traza una línea clara entre exigir y hacer sentir incapaz: “Si un profesor hace sentir a su alumno incapaz, ese profesor tiene una incapacidad.”
Aprender mirando al compañero
Gerhard también se detiene en lo que distingue a un proyecto como el de Conchalí de un conservatorio tradicional. En el conservatorio, dice, cada alumno avanza por su cuenta y muchas veces ni siquiera conoce a sus compañeros. En un proyecto de banda, en cambio, buena parte del aprendizaje ocurre en conjunto, y ahí la comparación entre pares se vuelve motor: cuando alguien logra algo, el resto se esfuerza por no quedarse atrás. Cree que probablemente ninguno de los músicos que salieron de Conchalí habría resistido el camino del conservatorio.
Esta es la primera parte de la entrevista y estamos atentos por acá a la segunda parte.
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