Natalia Ramírez, docente de IP Projazz: todos los oficios de la música.  - Projazz
acreditado-header-corr

Natalia Ramírez, docente de IP Projazz: todos los oficios de la música. 

Natalia Ramírez, docente de IP Projazz: todos los oficios de la música. 

Hay voces que no solo cantan, sino que construyen. Natalia Ramírez es una de ellas. Formada en el Coro Crecer Cantando del Teatro Municipal y luego en el IP Projazz, ha recorrido un camino que va desde los escenarios del ska y el swing hasta grabar su primer disco bajo su propio nombre, pasando por el bolero íntimo, la dirección vocal y la sala de clases. 

Cada disco en su trayectoria ha sido una decisión artística y también una apuesta de gestión: elegir el repertorio, armar el equipo, resolver el financiamiento y pensar la difusión desde el primer compás. Desde Blue Skies —grabado en un día, dos tomas por canción, tal y como suena en un club— hasta el universo colectivo y con identidad chilena de The Carmeners, cada proyecto revela una artista que entiende que hacer música hoy es también saber producirla. 

En esta entrevista, Natalia comparte los aprendizajes detrás de cada lanzamiento, las estrategias reales para grabar en Chile y lo que significa llevar una carrera artística con autonomía, criterio y mucho swing. 

Tu primer disco como solista, Blue Skies (2017), nació de una actuación en el Festival de Jazz de Providencia. ¿Qué fue lo que más te sorprendió (para bien o para mal) de llegar por primera vez al estudio con tu propio nombre? 

Si bien Blue Skies fue mi primer disco como solista, no era la primera vez que entraba a un estudio. Mi primera experiencia grabando fue en 2011 con Santiago Downbeat, un proyecto con formato cercano a una mini big band. En ese contexto yo participaba como intérprete, pero no tenía injerencia en las decisiones musicales. 

Lo que hizo realmente distinto y muy revelador el proceso de Blue Skies fue llegar al estudio con mi propio nombre. Eso implicó asumir, por primera vez, un rol de dirección artística y también una responsabilidad distinta. Ya no era solo cantar, sino tomar decisiones sobre el sonido, el equipo humano y la identidad del proyecto. 

Me tocó definir a quién convocar, qué repertorio elegir y cómo quería que sonara. Recuerdo especialmente el trabajo de tomar canciones que siempre había querido cantar, muchas de ellas originalmente en formato orquestal de los años dorados del swing, y llevarlas a un formato de quinteto.  

Ahí fue cuando empecé a hacer arreglos, a adaptar material y a poner en práctica todo lo que había aprendido durante mi formación como intérprete en Projazz. 

Fue un proceso desafiante, pero también muy hermoso. Sentí que por primera vez estaba construyendo una identidad artística propia de manera consciente, y también cerrando un ciclo formativo que hoy, desde mi rol como docente, puedo compartir con mis estudiantes. 

Has grabado e interpretado en proyectos muy diversos, que van desde el ska jazz con Santiago Downbeat y el jazz estándar en tu trabajo solista, hasta el formato íntimo del bolero junto a Valentín Trujillo y la fusión de swing y bossa nova con Swing Song Bossa. ¿Cómo adaptas tu trabajo vocal y tu preparación a cada uno de estos estilos? 

Cambia bastante, sobre todo en cómo entiendo el rol de la voz dentro de cada proyecto. No se trata solo de “cantar distinto”, sino de comprender el lenguaje de cada estilo y, desde ahí, tomar decisiones técnicas y expresivas. 

Por ejemplo, en el standard hay un trabajo muy fino con el fraseo, la flexibilidad rítmica y la improvisación.  

En el ska jazz, en cambio, la energía es mucho más directa y el pulso rítmico tiene un rol central, por lo que la voz se vincula de manera más corporal con la música.  

En el bolero, especialmente en un formato íntimo como el dúo, aparece una escucha mucho más profunda y un uso más sutil del sonido, donde cada matiz y cada intención cobran mayor relevancia. 

Mi preparación siempre parte por escuchar mucho y entender el estilo. A partir de eso, adapto la técnica vocal en función de lo que cada lenguaje necesita: el uso del aire, la articulación, la colocación del sonido y el tipo de emisión. 

Para mí, la técnica vocal no es un fin en sí mismo, sino una herramienta que permite moverse con libertad entre distintos mundos musicales. 

Considerando tu experiencia como intérprete, sesionista y directora de voces en proyectos junto a Pedro PiedraHermanos IlabacaBronko YoteMasquemusica y Tiano Bless, entre otros, ¿qué habilidades consideras clave para desenvolverse en distintos contextos musicales y qué le recomendarías a quienes quieren desarrollarse en ese ámbito? 

Creo que una de las habilidades más importantes es la capacidad de adaptación. Cada proyecto o artista tiene su propio lenguaje, su forma de trabajar y su identidad sonora, y uno tiene que aprender a leer eso rápido para poder aportar desde un lugar coherente. 

En mi experiencia he tenido que habitar roles bien distintos. Hay momentos en que me toca llegar a grabar y resolver de manera muy concreta lo que se necesita, y otros en que el trabajo es más profundo, como cuando estoy dirigiendo voces y acompañando procesos más creativos. En ambos casos, la escucha es fundamental, no solo en lo musical, sino también en lo humano. 

He aprendido también que colaborar no se trata de imponer una idea propia, sino de entender qué necesita el proyecto y cómo uno puede sumar desde ahí. Y eso convive con tener herramientas técnicas sólidas, conocer distintos estilos y poder moverse con libertad entre ellos. 

A quienes quieren desarrollarse en ese ámbito les diría que se mantengan activos, que generen redes y que no esperen a que las oportunidades lleguen solas. Y, sobre todo, que se acerquen desde la curiosidad y la disposición a aprender, porque cada colaboración te transforma un poco. 

Cada uno de tus proyectos discográficos ha tenido un modelo de financiamiento distinto. ¿Cómo has gestionado la producción de tus grabaciones (fondos, autofinanciamiento, colaboraciones u otros) y qué estrategias consideras más realistas hoy para un músico emergente que quiere grabar en Chile? 

He pasado por distintas formas de financiamiento, y cada proyecto ha sido una experiencia diferente.  

He trabajado con autofinanciamiento, fondos públicos y también desde la colaboración entre músicos, donde muchas veces el proyecto se sostiene gracias al compromiso colectivo. 

Eso me ha llevado a entender que hacer música hoy no es solo un proceso creativo, sino también de gestión. 

Creo que lo más realista en el contexto actual es no depender de una sola vía, sino combinar estrategias como postular a fondos, generar redes, buscar alianzas y adaptar los formatos de producción a lo que realmente es posible sostener. No siempre es necesario partir con un disco completo, a veces trabajar con singles o proyectos más acotados permite avanzar de manera más constante. 

Algo que entendí con más claridad con The Carmeners es la importancia de pensar la difusión desde el inicio.  

Hoy lo abordo casi como una carta Gantt, con metas a corto plazo, teniendo en cuenta qué se va a lanzar, en qué fechas, cómo se va a comunicar y a través de qué plataformas. Eso permite que el proyecto tenga continuidad y no dependa solo del momento del lanzamiento. 

Más que una fórmula única, lo que he aprendido es que la autogestión es parte fundamental del oficio artístico hoy. 

The Carmeners lleva un tiempo cocinando cosas. ¿En qué está el proyecto ahora mismo y qué pueden esperar quienes todavía no las conocen? 

The Carmeners es un proyecto que nos tiene muy entusiasmadas y que ha ido creciendo de manera muy orgánica. Somos un trío vocal instrumental que cultiva lo que se conoce como jazz guachaca, pero con una mirada muy propia, incorporando elementos de la identidad chilena, el humor y temáticas actuales. 

Si bien nuestro primer disco, Primera Cosecha, reúne tanto adaptaciones de clásicos standards jazz en español como composiciones originales, actualmente estamos trabajando en un nuevo repertorio compuesto por nosotras, rescatando también algunos clásicos menos conocidos. Este proceso busca profundizar en una sonoridad más identitaria, conectada con nuestra idiosincrasia chilena y con esa picardía que también forma parte de lo que somos. 

Quienes no nos conocen pueden esperar un show cercano, con armonías vocales, interacción con el público y una cuota importante de juego. El espectáculo en sí mismo es un pequeño viaje que se va hilando a través de relatos e historias, muchas veces vinculadas a anécdotas personales.  

Alguna vez un seguidor nos dijo que lo que hacemos debería llamarse “Standard Comedy”, y la verdad es que nos hace mucho sentido. Nos interesa no solo lo musical, sino también generar un espacio de conexión, donde el humor, lo cotidiano y temáticas como el amor propio y la experiencia femenina están muy presentes. 

×