Puntomedio es una banda chilena que funde hip-hop y jazz con los distintos trasfondos musicales de cada uno de sus integrantes, con una historia común en Projazz.
Su primer single, “3:33” —que evoca a Erykah Badu y D’Angelo— fue lanzado el 12 de septiembre de 2025 y continúa sumando reproducciones.
Este año llegará también su álbum debut, un trabajo conceptual que explora la historia de una relación sexoafectiva contada desde la comunidad LGBT.
Con un show que mezcla música, teatro y vulnerabilidad, el grupo ha ido construyendo una relación particular con sus audiencias: una en la que la canción deja de pertenecerles para convertirse en algo compartido.
Conversamos sobre el proceso creativo, la conexión en vivo y lo que esperan dejar en quienes los escuchan.
¿En qué momento sintieron que su proyecto artístico dejó de ser “practicar” y pasó a ser “comunicar algo” en serio?
Lo que motivó la creación del proyecto fueron las ganas de comunicar y tener un espacio creativo. Eso fue primero. La práctica vino después, como una forma de pulir lo que ya queríamos decir.
¿Qué les da más satisfacción: ¿el trabajo colaborativo de los ensayos y arreglos, o el instante en que la canción llega al público?
Ambas instancias tienen un peso distinto y es difícil elegir. El trabajo colaborativo es nuestro espacio íntimo: ahí estamos en completa libertad de crear, de ser nosotres mismes y de decidir qué le entregamos al público.
El momento en vivo, en cambio, es donde se genera la conexión directa y todo lo que hicimos cobra sentido: deja de ser nuestro y se convierte en algo compartido.
¿Cómo construyen conexión con la audiencia en vivo? ¿Qué hacen cuando sienten que el público está lejos o distraído?
La conexión surge desde el espacio que hacemos posible entre oyentes y banda: nosotres entregamos nuestras emociones, y el público recibe la música y puede conectar con nuestra historia. La vulnerabilidad de contar y de escuchar al otro es el primer encuentro que tenemos.
Nuestro show tiene un lado teatral, pero también encontramos momentos para hacer una broma que le dé un respiro al ambiente.
Puede que la gente se ría o no, pero eso rompe la barrera que a veces crea el escenario.
Lo más gratificante es sentir la reciprocidad: cuando el público canta nuestras canciones, o cuando alguien se nos acerca después del show y nos dice que la letra le llegó.
¿Qué parte de su interpretación cambia más según el lugar? ¿Tienen algún ejemplo concreto?
Cada escenario representa un contexto diferente. Cuando tocamos en el Bar de René, hicimos un show más energético.
Si tocarámos en el Nescafé de las Artes, haríamos algo más teatral, donde resalten los momentos más tenues y melancónlicos, porque es un lugar donde la gente tiende a mantener silencio.
Dependiendo del espacio, vamos adecuando el repertorio a la energía del lugar.
¿Qué quieren que le ocurra a la gente cuando los escucha? ¿Qué emoción o permiso les gustaría que se llevaran?
Lo más importante para nosotres es la conexión con el público. Siempre nos conmueve cuando la gente se va del show sintiendo que nuestra música los conecta con momentos de su propia vida, cuando ven reflejadas sus historias en las nuestras y eso les ayuda a procesar algún momento amargo o una emoción específica.
Emilia Muñoz – Voz
Tari Vega -Saxo
Arlette Valderrama – Bajo
Ángel Toscanini – Batería
Lucas Monje – Teclado
IG @puntomediopuntomedio
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