Compositor, arreglador, productor y director orquestal argentino, Nico Sorín visitó Projazz en el marco del programa La otra clave para hablar de su proceso creativo, gracias a nuestra alianza con la Fundación Comunidad de las Artes y la Cultura, a propósito del tremendo concierto del 14 de marzo en Teatro Nescafé de las Artes.
Entrevistado por el destacado compositor y guitarrista Federico Dannemann, presentamos un resumen de los principales tópicos que abordó en relación al proceso de formación de la identidad artística



1. La academia es una caja de herramientas, no un destino
Sorín estudió tres carreras en Berklee College of Music, incluyendo composición de jazz y dirección orquestal. Llegó sin cultura jazzística — venía del punk y de la música clásica — y eso, lejos de ser un problema, jugó a su favor. Un profesor lo notó precisamente porque escribía diferente a todos.
Pero lo más revelador vino después de graduarse. Trabajando con Miguel Bosé a los 22 años, en medio de un período en que estudiaba polifonía medieval de 60 voces y serialismo, tuvo una epifanía:
“La academia está buenísima, es una caja de herramientas enorme que después vas filtrando. La idea mía era volver a ser ese chico de 17 años que tocaba punk.”
La formación no es el punto de llegada. Es lo que te permite volver a tu instinto con más recursos.
2. El jazz no es un género: es una forma de libertad
Cuando Danneman le preguntó su opinión sobre la formación basada en jazz para músicos de géneros muy distintos, Sorín fue directo:
“El jazz no es un género. Es una forma de romper barreras, de evolucionar en la música, de búsqueda. Tiene la improvisación, que es una técnica milenaria. Es una máquina que va para adelante.”
Para él los rótulos son útiles solo en una disquería. En la práctica, hoy todo se toca con todo — y eso no es un problema a resolver, es algo que celebrar. Su propio recorrido lo demuestra: pasó de arreglar orquestas para Shakira y Miguel Bosé a versionar a Piazzolla con batería y sintetizadores, sin sentir contradicción.
3. La honestidad vale más que el currículum
Sorín habló de los proyectos donde no vibraba con la música que le pedían. Su respuesta fue simple: se fue. Sin cobrar, en algunos casos.
“Si te llaman es porque quieren algo de vos. Hay que entender por qué te llaman y ser muy honesto con lo que podés aportar.”
También contó que ha visto proyectos donde el mejor técnico — alguien con 30 Grammy — no funcionaba, y terminaba mezclando el que había estado desde el primer día poniendo micrófonos. El mejor para cada proyecto no es el mejor en abstracto.
Para estudiantes esto tiene una traducción concreta: construir una identidad musical propia vale más que acumular credenciales para proyectos que no te representan.
4. Salir de la ciudad para escucharse a uno mismo
Uno de los ejes de la charla fue su práctica de componer en lugares extremos: la Antártida, el Ártico, la Puna jujeña, el Canal Beagle. No como turismo creativo, sino como método.
“No escucho música hace mucho tiempo. Me intoxiqué. Cada cosa que escuchaba me influenciaba y necesitaba escucharme a mí.”
El viaje no es para inspirarse de inmediato. Sorín advierte que los primeros siete días no sirven — hay que aclimatarse, vaciarse de la ciudad, dejar caer la ficha. Lo que se compone en esos primeros días generalmente se descarta.
La lección para un estudiante no es irse al polo, sino aprender a distinguir cuándo estás componiendo desde afuera — desde lo que escuchaste, desde lo que está de moda — y cuándo estás componiendo desde adentro.
5. La irreverencia como forma de respeto
Su proyecto Piazzolla Electrónico nació de una pregunta incómoda: ¿cómo hacer un homenaje a Astor sin que sea tibio? Sorín no venía del tango. Eso le generaba pudor, pero la pedida venía directamente de su nieto, el baterista Pipi Piazzolla y accedió a experimentar.
“Si hay algo que no puede ser un homenaje a Piazzolla, es tibio. Piazzolla era irreverencia absoluta. Entonces dale, no seas boludo, ponete las pilas.”
El resultado: versiones de “Libertango” en reggae, “Adiós Nonino” en cumbia. Y el espíritu de Piazzolla intacto. El respeto profundo a un compositor no significa copiar su estilo — significa entender su actitud.
Para quienes estudian en una escuela con nombre y peso propio como Projazz, esto aplica directamente: el homenaje real a los grandes maestros es animarse a ir más lejos, no quedarse en la copia reverente.
6. Construir una carrera es lento, y está bien
La última pregunta del programa fue directa: ¿qué le hubieras dicho a los estudiantes que están sentados ahí? Su respuesta, lejos de ser un discurso motivacional, fue honesta:
“Buscar la honestidad. Buscar estar bien vos, buscar aprender. Lo otro llega.”
Habló de los likes, de la fama efímera, de generaciones que construyen carreras rápido pero frágiles. Y también reconoció algo que pocas veces se dice en voz alta: su propia carrera es superlenta, porque abarca mucho. Octafonic, Piazzolla, sinfonías, cine, pop masivo, dirección orquestal. Todo eso tardó décadas en empezar a apretar.
“Está buenísimo que te guste una cosa durante 10 años y de repente te guste otra. No tenemos que casarnos con nada.”
Y terminó con algo que vale guardarse: “La búsqueda de uno es lo que te hace único. Cada persona es única en cómo habla, cómo toca, cómo escribe, cómo piensa. Está bueno romper el molde en ese sentido.”
En resumen: lo que se lleva
- La formación técnica es imprescindible, pero el objetivo es volver a tu instinto con más herramientas.
- El jazz no te enseña un género: te enseña a moverte con libertad entre todos.
- La honestidad sobre lo que podés y querés aportar vale más que cualquier colaboración de prestigio.
- Aprender a vaciarse de influencias externas para escucharse a uno mismo es una habilidad que se practica.
- Respetar a los grandes maestros significa animarse a ser irreverente con su obra, no copiarla.
- Las carreras sólidas se construyen lento. Los likes son efímeros. La identidad propia, no.
Los participantes en la grabación del programa La otra clave, se llevaron entradas dobles para el concierto que presentó en Teatro Nescafé de las Artes, organizado por Comunidad de las Artes.
Quienes asistimos vivimos una experiencia sonora que pocas veces se da: la música de Piazzolla — con toda su deuda al barroco, al romanticismo europeo y al tango porteño — atravesada por la energía del rock progresivo de los 70. Batería, guitarra eléctrica, sintetizadores y bandoneón conviviendo sin jerarquías, en un concierto que no traiciona al maestro precisamente porque se atreve a ser irreverente con él.
¡Notable!
Revisa acá la entrevista completa: