Hay nombres que evocan inmediatamente un sonido, y el de Catalina Plaza, egresada de IP Projazz, suena a madera, a noche y a verdad. Junto a su ensamble, ha logrado que el bolero de cantina y el folclor urbano dejen de ser un recuerdo del pasado para transformarse en un manifiesto del presente. Con una propuesta que rescata la esencia de las guitarras y el contrabajo, Catalina no solo canta; construye un refugio para la emoción en medio de la vertiginosa industria creativa nacional. Conversamos con ella sobre el peso de las tradiciones, los desafíos de emprender desde la raíz y el misticismo que envuelve cada una de sus presentaciones.
El pulso de “Las Bordonas de Oro”
El concepto de “Las Bordonas de Oro” remite al sonido más grave y profundo de la guitarra. ¿En qué momento se convirtió en la brújula para definir tu propuesta dentro del bolero de cantina?
Cuando pensamos en el nombre, sentimos que ahí estaba la metáfora perfecta de lo que queríamos hacer. Una música que nace desde lo profundo, desde lo esencial, marcando la importancia de las guitarras en este proyecto.
El bolero de cantina tiene algo muy terrenal, muy humano. Es música que se canta de noche, entre historias, entre gente que viene con el corazón un poco abierto, a veces con nostalgia, con tristeza y con pasión. Las bordonas representan ese latido grave que sostiene la emoción. Y que sean “de oro” también habla de algo que valoramos mucho. Esas tradiciones que parecen simples, pero que en realidad son tesoros sonoros de nuestra historia latinoamericana.
Como artista liderando un proyecto de raíz en la industria creativa actual, ¿cuáles han sido los obstáculos más complejos al profesionalizar un estilo que hoy compite con tendencias musicales mucho más tecnológicas?
Quizás el desafío más grande ha sido sostener una propuesta que nace desde la raíz en un ecosistema musical que muchas veces privilegia la inmediatez y lo tecnológico. Nuestra música se construye desde otro lugar. Se construye desde la interpretación, el arreglo, el sonido, el texto y el buen gusto.
Pero también creo que ahí está su fuerza. En medio de una industria tan veloz, la gente sigue necesitando espacios donde la emoción sea más directa y más humana. Siempre necesitamos volver a la raíz para reencontrarnos. Lo complejo ha sido encontrar los canales para que esta música llegue a más oídos, pero al mismo tiempo ha sido muy gratificante ver que cuando alguien se encuentra con ella, la conexión suele ser muy profunda.
Creo que actualmente la educación musical y lo que nos obligan a escuchar, lo más mainstream, está en otro tipo de música, entonces en los conciertos en vivo no tenemos nada que decir, nos va super bien, pero nos ha costado que en las plataformas se mantenga en pie los oyentes mensuales o entrar en playlist y cosas así.
Tu producción se identifica plenamente con el bolero y la música chilena. ¿Sientes que este es un territorio que seguirás explotando y profundizando, o visualizas tu música migrando hacia nuevas fusiones en el futuro?
Nunca me he cerrado a aprender de otros géneros. He cantado hartas cosas en mi vida como artista. Siempre me gustó mucho la música en general y siempre he encontrado necesario escuchar música de todos lados para tener un sello personal y saber bien que es lo que quieres y lo que no quieres en tu forma de cantar.
Actualmente me encuentro en este mundo de la música y espero no dejarlo nunca. Siempre me relacioné con la música latinoamericana, de muy pequeña, siento que es un lugar seguro en el que estoy y no hay nada más lindo que la música de tu continente.
Ahí te reconoces, te encuentras con lo más sensible y bello de la música.
Creo que todavía hay muchísimo por explorar ahí, porque es un repertorio enorme, lleno de historia. Además, estamos componiendo mucho y me siento muy cómoda componiendo en estos géneros.
Al mismo tiempo, la música siempre está en movimiento. Me interesa que nuestra propuesta siga dialogando con otras sonoridades de América Latina, con nuevas formas de arreglar, de contar y de habitar estas canciones. Más que abandonar un territorio, lo que me interesa es seguir expandiéndolo.
Al interpretar géneros con tanta carga dramática y emocional, ¿sientes que nace un alter ego que toma el control durante la función o es una expresión orgánica y transparente de tu propia identidad?
Yo lo siento más como un estado que como un personaje.
Cuando subo al escenario o canto esta música, la emoción se amplifica y una se permite decir cosas que en la vida cotidiana a veces quedan más guardadas. Siempre me digo a mí misma que uno no tiene que olvidar de donde viene… porque si no, ahí se pierde la esencia y el objetivo de lo que uno está haciendo. Una pregunta que siempre hay que hacerse es si uno quiere impresionar o emocionar con lo que uno está haciendo… ahí cambia todo.
El bolero, el folclor y la música latina en general acompaña de manera muy profunda a la historia que se está cantando. Pero no creo que sea un alter ego, más bien es una versión muy concentrada de mí misma. Es como si en ese momento todo (la voz, la memoria musical, las historias que cargamos) se alineara para que la canción pueda existir con toda su intensidad.
Encuentro importante, y es lo que intento compartir harto en las clases de canto que hago, que siempre hay que entender y estudiar el género… el contexto histórico, el o la compositora, el año y leer la letra antes de cantarla para interpretarla de una buena manera que le haga “justicia” a la canción.
¿Qué te habría gustado saber durante tu carrera formativa para llegar en un mejor pie al mundo laboral?
La verdad agradezco bastante todas las herramientas que se me entregaron para adentrarme al mundo de la música. En lo personal, trabajo de pequeña en bares, en locales y en eventos entonces siempre entendí que uno, independiente de saberse todas las escalas y ser muy inteligente en la música, si no sales a buscar el trabajo, es difícil que llegue. La música está en la calle, en los locales, en los cumpleaños… ahí es donde aprendí más que en cualquier otro lado. En el hacer y en cantar en los lugares que uno menos se siente cómoda.
Me hubiese gustado que la pandemia no hubiese interrumpido mis estudios. Creo que eso me frenó un poco. Y siempre creo que es importante que se les entregue los conocimientos a los estudiantes con respecto a cómo funciona la industria en Chile… los derechos de autor, los fondos de cultura, cómo postular a los distintos eventos culturales que se hacen… cosas más relacionadas al trabajo mismo como artista.
Compártenos un mensaje que quieras multiplicar
Agradezco profundamente el cariño de cada persona que me enseñó en Projazz y por supuesto a todas las amistades que hice. Hay que aprovechar a nuestros pares y a quienes se dan el tiempo de entregarnos conocimiento.
Deseo que cada vez haya más mujeres y disidencias trabajando en todas las áreas de la música y las artes y que se les dé un espacio seguro, profesional y activo para que puedan desarrollarse como artistas.

